jueves, 24 de octubre de 2013
COMPETENCIAS CUIDADANAS
HOLA
Chicas no olviden para este lunes el compromiso de la planeación. Aquí esta el material de apoyo. ;)
http://www.mineducacion.gov.co/1621/articles-75768_archivo_pdf.pdf
lunes, 7 de octubre de 2013
DESARROLLO DE LAS EMOCIONES
Las emociones son un elemento
fundamental de la personalidad. Todas las personas tienen las mismas emociones
básicas, pero difieren en la frecuencia en que sienten una emoción en
particular, los tipos de acontecimientos que producen dicha emoción y su manera
de actuar cuando la sienten.
Aunque puede resultar difícil
decir cuáles son los sentimientos de los bebés y cómo se desarrollan, lo cierto
es que durante los primeros meses de vida, los bebés expresan un amplio rango
de emociones y manifiestan diversas expresiones faciales que son similares a
las de los adultos cuando experimentan diversas emociones.
Muy poco después de nacer, los
bebés muestran signos de aflicción, disgusto e interés. Es los meses siguiente,
estas emociones primarias se diferencian en alegría, ira, sorpresa, tristeza,
timidez y miedo. Las emociones interiores, como empatía, desconfianza,
vergüenza, culpa, desconcierto y orgullo surgen más tarde.
Sobre los 18 meses, los bebés
logran la autoconciencia, es decir, son conscientes de que están
separados de las demás personas y objetos. Esto les permite reflexionar sobre
sus propias acciones y medirlas en base a los estándares sociales. A esta edad
surge también el autorreconocimiento, que es la capacidad de los bebés para
reconocer su propia imagen.
Los bebés utilizan la expresión
emocional para comunicarse. Cuando quieren o necesitan algo lloran; cuando
quieren estar con sus padres, les sonríen. Si reciben una respuesta al emitir
estos mensajes, su sentido de conexión con otras personas aumenta. Además,
aprenden que con su llanto o su sonrisa pueden ejercer un efecto en otras
personas y lograr algo que desean, de modo aumenta su sensación de poder.
Al principio, el llanto indica
incomodidad o malestar físico; más tarde es más frecuente que exprese aflicción
psicológica.
La risa aparece al principio de
manera espontánea como una expresión de bienestar interior y más tarde pasa a
expresar placer con otras personas.
El llanto
Desde la primera semana, los
bebés lloran cuando sienten hambre, dolor o frío, y cuando están desvestidos.
Durante las semanas siguientes lloran también cuando se les interrumpe el
alimento, cuando se les deja solos en un cuarto o cuando están en un estado de
irritabilidad y se les estimula.
Los bebés tienen cuatro
patrones de llanto:
·
El
llanto de hambre básico. Es un llanto rítmico que no siempre está asociado con
el hambre.
·
El
llanto de ira. Es una variación del llanto rítmico en el cual el exceso de aire
pasa forzado a través de las cuerdas vocales.
·
El
llanto de dolor. Consiste en una salida repentina de llanto sin un quejido
preliminar, a veces seguido de l a contención de la respiración.
·
El
llanto de frustración. Dos o tres lamentos sin que se detenga la respiración.
Los bebés afligidos lloran
fuerte, durante más tiempo y con más irregularidad que los bebés hambrientos y
son más propensos a tener arcadas e interrumpir el llanto.
Es importante que la madre o
persona que cuida del bebé responda siempre a su llanto, y lo haga de un modo
cariñoso y atento, pues así los bebés adquieren una mayor confianza en sí
mismos y su capacidad para influir en su mundo. Al final del primer año, los
bebés cuyas madres han respondido a su llanto con ternura, lloran menos, se comunican
más de otras formas (balbuceos y expresiones faciales) que los bebés cuyas
madres han sido más represivas o los han ignorado. Por tanto, durante el primer
año, es preferible equivocarse por exceso que por defecto y no preocuparse por
malcriarlo.
La sonrisa de los bebés pone en
marcha un ciclo de confianza y afecto cuando los padres responden a la sonrisa
de su hijo, y este responde a la suya sonriendo de nuevo.
Poco después de nacer aparece
una sonrisa débil de manera espontánea como respuesta a la actividad del
sistema nervioso central. A menudo sucede cuando el bebé está durmiendo.
Después de la primera semana, los bebés sonríen cuando están despiertos pero
inactivos. Alrededor del primer mes, sonríen cada vez con más frecuencia y en
sus interacciones con los demás. Las primeras sonrisas sociales son breves e
incluyen también los músculos oculares (mientras que la primeras sonrisas
reflejas utilizaban sólo los músculos inferiores de la cara). A esta edad
sonríen al escuchar una voz familiar o cuando se hace palmas con sus manos.
Durante el segundo mes, los
bebés ya pueden reconocer a diferente personas y sonríen más ante las caras
familiares. Cerca del tercer mes, las sonrisas son ya más amplias y duraderas.
Algunos bebés sonríen mucho más
que otros. Esto puede ejercer un efecto en las personas que lo rodean. Un bebé
feliz y sonriente, que recompensa los esfuerzos de sus padres con sonrisas y
gorjeos, tiene una mayor probabilidad de crear una mejor relación con ellos que
en bebé que sonríe menos.
Durante el cuarto mes, ya no
sólo sonríen sino que empiezan a reír en voz alta. La risa de los bebés se
relaciona a veces con el miedo, ya que puede ser una reacción ante algo que lo
asusta, como un objeto que aparece en dirección hacia ellos.
A medida que crecen comienzan a
reír cada vez con más frecuencia. Entre los cuatro y los seis meses ríen ante
estímulos sonoros o táctiles. Entre los siete y los nueve meses, ríen ante
situaciones más complejas, como cuando juegan al escondite.
Los bebés son diferentes entre
ellos en cuanto a la cantidad de estimulación que necesitan o quieren.
Demasiada los cansa, y muy poca no les produce interés. Los bebés influyen en
su ambiente y en sus relaciones con los demás cuando expresan sus emociones. Si
una madre mira a su hija y la niña le sonríe, es posible que se acerque a jugar
con ella, mientras que si la madre se acerca a jugar con la hija, y ésta vuelve
la cabeza, le está transmitiendo a la madre que desea estar tranquila y
descansar en ese momento. La madre entiende este mensaje y la deja descansar.
Este proceso recibe el nombre de modelo de regulación mutua.
Ente bebés y adultos se
desarrolla una relación saludable cuando la persona que lo cuida es capaz de
"leer" sus mensajes e interpretarlos correctamente, respondiendo de
forma apropiada (por ejemplo, la madre de nuestro ejemplo, que acepta que su
hija no tenga ganas de jugar en ese momento, en vez de interpretarlo como un
rechazo del bebé hacia ella).
Cuando los bebés, al emitir sus
mensajes, no logran los resultados que desean, al principio se sienten
confundidos, pero siguen enviando mensajes. Por lo general, la interacción
entre bebés y adultos va y viene entre estados con baja regulación (cuando no
se entienden) y estados con alta regulación (cuando los mensajes se interpretan
correctamente y se responde de forma adecuada) y a partir de estos cambios los
bebés aprenden a enviar señales apropiadas y qué hacer cuando las primeras
señales no dan el resultado esperado.
Cuando el bebé logra
comunicarse mediante estas señales de un modo adecuado, se siente feliz,
mientras que si no lo logra (por ejemplo, cuando la made o padre rechaza una
invitación a jugar o cuando insiste en jugar después de que el bebé ha indicado
que no desea hacerlo) se siente frustrado o triste.
La capacidad para entender los
sentimientos de los demás es una habilidad innata que nos ayuda a establecer
vínculos con los demás y a protegernos. Incluso los bebés muy pequeños pueden
percibir las emociones que expresan otras personas y ajustar su
comportamiento de acuerdo con ellas. Por ejemplo, a las diez semanas de
edad, responden a la ira con ira. En una investigación (Termine, Izard, 1988),
niños de nueve meses se mostraron más felices, jugaron más y miraron más tiempo
a sus madres cuando ellas parecían felices, pero se mostraron tristes cuando
ellas parecían tristes.
Cómo afecta a los bebés la
depresión de las madres
Las madres deprimidas tienden a
pasar por alto las señales emocionales de los bebés, a ser represivas, a
considerar a sus hijos como una carga y a sentir que su propia vida está fuera
de control. Todo esto puede tener graves consecuencias para sus hijos.
Los hijos de estas madres dejan
de enviar señales emocionales y tratan de conformarse chupándose el dedo o
meciéndose. Si este modo de reaccionar se vuelve habitual, llegarán a sentir
que no tienen capacidad para lograr reacciones de otras personas, que no pueden
confiar en sus madres y que el mundo es un lugar inseguro.
Estos bebés pueden padecer
diversas perturbaciones emocionales y cognitivas. Tienen mayor posibilidad de
permanecer adormecidos, demostrar tensión arqueando y retorciendo la espalda,
llorar con frecuencia, parecer tristes o furioso con más frecuencia y mostrar
menos interés que los demás niños. Están menos motivados para explorar el
ambiente y suelen preferir tareas que requieren un menor esfuerzo.
En su etapa de los primeros
pasos tienden a reprimir su frustración y tensión y más adelante tienen más
probabilidades de crecer con deficiencias y alcanzar puntuaciones más bajas en
pruebas de inteligencia, tener más accidentes y más problemas de comportamiento
que, con frecuencia, duran hasta la adolescencia.
Más adelante, tienen también
mayor probabilidad de convertirse en personas deprimidas. En un estudio donde
medían la actividad cerebral de niños entre 11 y 17 meses de edad, los hijos de
mujeres deprimidas mostraron menos actividad en la región frontal izquierda.
Esta región del cerebro parece especializarse en emociones de aproximación,
como alegría, mientras que la región frontal derecha se especializa en
emociones de retirada, como la tristeza (Dawson, Klinger, Panagiotides, Hill y
Spieker, 19929).http://www.estimulosadecuados.com.ar/animo.htm
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